Este diciembre en particular
descubrí que los fosforitos, tumbaranchos y cohetones no son tan cool como una
vez me parecieron que eran.
Es un poco Freaky darse cuenta
que cuando los niñitos alrededor de uno se ponen a tirar fosforitos uno no
quiere sacar su caja de fósforos y unirse al plan, sino ahorcarlos y lanzarles
toda la caja de fosforitos a la piscina.
Obviamente, eso es un síntoma de
que uno se esta poniendo viejo. Y eso para una persona como yo, que jura que
tiene 17 años para siempre, es aun más deprimente.
Aun así, eso no fue lo que esta
navidad me perturbó más. Esta vez estuve en Caracas para el año nuevo. Cosa que
creo que no hacía desde hace unos años. No se si ha sido producto de la
ausencia y la falta de costumbre, o que realmente cada día los hacen más
escandalosos, o que este año compraron más que nunca para celebrar la posible
muerte del presidente, sea lo que sea, terminé burda de aturdida. (A tal punto
que creo que voy a proponer la creación de fuegos artificiales silenciosos. Porque
eso si, el efecto visual de las lucecitas y el toque Disney no se puede negar
que es genial)
Además de mi aturdimiento por mi
neurótica sensibilidad al ruido, este año tuvimos eventos muy peculiares que
creo que hicieron la experiencia menos agradable:
Primero, una de mis gatas entró
en tal ataque de pánico, que tuve que acurrucarla hasta las 6am porque pensé
que le iba a dar una vaina. Para todos aquellos que amamos a los animales y
hemos leído sobre los efectos de la pirotecnia en ellos, sabemos que IS NOT COOL! Los pobres no entienden nada y creen
que se van a morir. Si hubiera sabido eso en aquellos días cuando era una loca piro-maníaca,
creo que no me hubieran gastado mis ahorro en cajas insólitamente grandes de
fosforitos terroristas.
Segundo, Caracas es una ciudad
que acaba de ser rankeada como la más violenta del mundo, así que cuando uno
oye el escándalo en las calles de noche, ya uno no está seguro si son los
malandros cayéndose a tiros en el barrio de Concresa o unos motorizados
chavistoides que les dio por celebrar la navidad jugando con la Uzi que les
regaló el patrón narco. (Y esto no es una exageración: el otro día caminando
por el Parque del Este escuchamos a un muchachito que le contaba a su amigo eso
mismo)
Y para rematar, este año tenemos
la situación del silencio incómodo sobre la salud de Chavez y el vacío de
poder, por lo que cuando uno oye los soberanos Tumbaranchos que suenan por ahí,
uno no sabe si es que estamos en guerra civil, si es que lanzaron un golpe o es
que se murió el Presi y la gente está desatada celebrando.
En fin, el hecho es que no me
tripié los fuegos artificiales este año. Sea porque estoy vieja, porque soy una
neurótica, porque la salud de Chávez me tiene loca o porque los malandros me
tienen psicosiada. Sea cual sea la razón, espero que el año que viene inventen
los fuegos artificiales silenciosos y se les pudra la pólvora, porque para mi
la Navidad debe ser pacifica, tener lucecitas y sonar a Gingle Bells y no a
Irak.
Feliz Año y Próspero y Pacífico
2013!!!
Atentamente,
La Miau y Flavia
