viernes, 10 de mayo de 2013

Hong Kong Marathon


Despiertos desde las 5am, pero ya mas descansados y menos brutos, comenzaba nuestra aventura para descubrir the real Hong Kong!

Como de costumbre, nos fuimos para el metro en dirección Hong Kong, pero, a diferencia del día anterior, hoy era día de trabajo, y la experiencia del metro fue totalmente diferente. Las estaciones de metro estaban abarrotadas, las colas para los vagones eran bastante largas, pero, a diferencia de Japon, aquí no había nadie que empujara para que cupiera más gente, sino alguien que dirigía la cola muy eficientemente y colocaba una señalización de stop, cual fiscal de tránsito de colegio, para que la gente esperara ordenadita a su próximo tren. (So not metro de Caracas either).

Luego de unas 3 transferencias, fluyendo entre ríos de gente como células que viajan dentro de las vías sanguíneas, por fin llegamos a la estación central de Hong Kong.

Al salir a la calle, una explosión de concreto, vidrio, acero, gente y luces nos dio la bienvenida y Queens Rd se desplegaba de forma espectacular. Eran las 9am, hora pico de cualquier centro financiero. La gente, entre ellos unos cuantos occidentales, corrían desenfrenados, como ratas, pero bien vestidos y con café en mano, para sus oficinas dentro de alguno de los cientos de rascacielos que nos rodeaban. Era como si hubieran lanzado en una licuadora a las tiendas de la 5ta Av. de NY (multiplicadas en tamaño x2), una buena porción de Chinatown, un montón de edificios del centro financiero de Frankfurt y el doble de gente que en una mañana cualquiera de Wall Street.

Debo admitir que en ese momento me sentí extasiada. Ni siquiera el gentío, que usualmente me hace paniquear, me molestó. Obviamente, es por la novedad, porque al quinto día que me toque ese gentío y ese tsunami de concreto, de seguro que quiero salir corriendo.

Una vez que nos secamos la baba y nos percatamos de que estábamos como unos tarados en medio de la acera estorbando a las ratas financieras, nos pusimos las pilas y arrancamos a caminar. Nuestra ruta, diseñada por la muy útil pagina web de turismo de Hong Kong, nos mandaba hacia la parte histórica. Sin duda, la parte mas original de la ciudad. Al final de Queens Road se encuentra el Western Market, un edificio antiguo, que construyeron los ingleses back in the days, pero que hoy en día es más que todo un monumento histórico. A sus alrededores está lo mas divertido. Puras callejuelas, llenas de comercios que venden cosas secas. Y por cosas secas me refiero a, toda vaina que una vez estuvo vivo, seco. Sean frutas, camarones, lagartijas, semillas, algas, etc. etc. Si se come, estos panas lo secan y lo venden. Hoy en dia no es tan raro verlo. Cuando uno va a cualquier Chinatown del mundo, una buena parte de las tienditas que hay allí, son de estas. Pero la gran diferencia, es que aquí hay DE TODO. Lo de las lagartijas no es mentira. El gordo les tomo fotos y, si le hubieran invitado a comerlas, no dudo que les hubiera metido.

Al salir de estas callecitas, empezamos a subir hacia Hollywood Rd (ni idea de por que se llama asi) pero es una subida bastante empinada, que da a la zona de las tienditas de antigüedades y el templo de Man Mo. Muy cool el templo, y muy prometedoras las tienditas de antigüedades, pero dado que no eran ni las 10am, tuvimos que imaginarnos como sería cuando estaban todas abiertas.

Definitivamente, Hong Kong vive de noche, pero con este horario de viejito tempranero en el que me cargan mis padres, no me queda mas remedio que imaginarme como seria de noche, y resignarme a que la próxima vez vuelvo con Mikey a vacilarme una de turismo al estilo “Millenium generation” (gente que se despierta a una hora mas razonable, y entiende que de noche también de se puede hacer turismo).

Caminando y caminando, ya sin pararle mucha bola a la ruta del Hong Kong Tourism, nos encontramos con el propio mercado de calle. Frutas por aquí, vegetales por allá, noodles en el de en frente y  7 eleven en la esquina (no se si he mencionado esto antes, pero en esta vaina hay un 7 eleven en cada esquina. Si alguna vez pensaron que esta gente la pegó del techo en USA, pues no saben lo bien que les va por estos lados). Entre puestico y otro, yo no pude pelarme mi adorada Dragon Fruit, que para los que no la conocen, es una especie de Pitahaya, pero roja, grande y bella por fuera, en vez del amarillo feito de la pitahaya colombiana.

De ahí, decidimos ir a chequear el Soho. Y como su nombre lo asoma, es una zona bien trendy, internacional, llena de bares y restaurancitos de todas partes del mundo. Lo mas cool de este Soho es que queda trepado en el cerro que colinda con la zona financiera de Hong Kong. Es decir, el patio trasero de la masa brutal de edificios financieros, es un cerro lleno de comercios, restaurantes, mercados, edificios residenciales, placitas, etc. donde se desarrolla la vida mas tranquila y sabrosa de esta ciudad. Algo que me pareció genius es que, como estos son unos cerros de país desarrollado, los panas tienen una super escalera mecánica, que se recorre desde la pata del centro financiero, hasta la punta de arriba del cerro. Para ponerlo en perspectiva, es como si montaran una escalera mecánica desde la estación de metro de Petare hasta la punta de arriba. Pero obviamente, en vez de tener a la cochinada de la Urbina abajo, tienes al centro financiero mas brutal del planeta, y, en vez de tener al cerro minado de ranchos y malandros, aquí lo que tienes son restaurantes, tienditas y chinitos que, a simple vista, se ven inofensivos.

A mitad de  camino de la escalera mecánica, mi mama dijo que no subia mas, y como mi papa es un desenfrenado peor que yo, seguimos mas arriba, hasta el punto en que nos dimos cuenta que mi mama tenia razón en haber parado en un punto donde ya no había sino residencias de locales, y dar por visto lo que cualquier persona normal habría considerado suficiente.

Una vez que volvimos a una altitud decente, y recuperamos a mi mama, que nos esperaba con cara “ustedes si joden”, nos fuimos a la zona de los bares a tomarnos una cerveza, y decidimos que era hora de conocer un tal Stanley Market.

Yo juraba que quedaba por ahí mismo, pero resulta que cuando nos montamos en el taxi, terminamos cruzando toda la isla hacia el sur, subimos montañas, atravesamos bahías tipo playitas veraniegas donde la gente se bañaba y paseaban en sus veleros. El Stanley market era un medio Tourist trap. Pero por lo menos nos divertimos en el camino, viendo otra cara menos poblada y natural de Hong Kong, que nos dio como un break de la jungla de concreto y acero.

Al volver, ya por fin estaba atardeciendo. Lo habíamos logrado! Logramos quedarnos en la calle para ver el show de luces que es esa ciudad. Repito, Hong Kong es una ciudad nocturna (y por lo visto las ciudades de Sureste Asiatico en general). Caminar entre los rascacielos, que se conectan unos con otros por pasajes sobre las calles, y que entre ellos son malls, es una experiencia que solo he vivido en esta ciudad. Cada rascacielo es un mall en su planta baja, y si no quieres bajar a la calle nunca, aquí en Hong Kong lo puedes hacer. Todos los edificios se conectan entre si, y como la obsesión de las tiendas y el lujo es tan extremo, algunos de estos son complejos enteros de diseñadores como Armani e Yves Saint Lauren. Si alguna vez había oído la expresión de que los asiáticos son los mas Fashion Victims, pues ahora no me queda ninguna duda que mas de la mitad de la fortuna de estas casas de moda, viene de estos países. Forget NY, Forget Paris. Nada se le acerca a esto.

Y asi, en medio de las luces, las pantallas gigantes en el tope de los rascacielos, los tranvías que recorren Queens Rd, y la gente que no para de entrar y salir de todas partes, decidimos tomarnos una ultima cerveza en la zona de rumbita y caminar hasta el Pier para cruzar hacia un Kowloon, que luego de esta experiencia y frente a un Skyline tan impresionante, se veía como cualquier vaina.

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