lunes, 13 de mayo de 2013

Bangkok with less style but more action!


Habiendo pasado un día bastante principesco, y contrario a la imagen del Bangkok caótico y desastroso de Hangover II, era hora de retomar el estilo aventurero. Que aunque no es tan sabroso como andar con chofer y toallitas húmedas, es más emocionante y auténtico.

La primera parada fue Khao San Road: el paraíso de los hippies en Bangkok. Le llegamos en bote, entrando por Ran Buttri Street. Una callecita que, aunque no tan conocida como Khao San, es quizás más cool y relajada. Allí están todos los hostales y barsitos hippies con los que todo veinteañero sueña. (También el sueño dorado de mi papa, pero como muchos saben, el cree que es un veinteañero).

No habían pasado 5 minutos en la callecita, y ya el gordo se había comido las mejores lumpias callejeras de su vida. (No exagero, todo lo compara con esas lumpias). Yo, por otro lado, me quería quedar en todos los cafecitos, a echar cuentos con los backpackers de la zona, mientras me imaginaba perfectamente los cuentos de Mikey cuando viajaba por el mundo hace unos años, siendo uno más de estos panas entregados a la vida.

Al salir de allí, le entramos a Khao San. Un paraíso de chiringuitos de camisitas, pipas, esculturas, collarcitos y toda parafernalia que nos encanta a los de mi especie.

Además del tumbadito hippie, también había un poquito para los más exquisitos, o para la gente como mi mamá y mi papá, que aunque quisieran ponerse las camisitas y cholas de los chiringuitos hippies, se resignan a mandarse a hacer camisas y trajes tailor made, por unos precios de hippies. De lado y lado hay de estas tienditas de Indios y Birmanos, que te hacen camisas, trajes, vestidos, pantalones y cualquier cosa con tela que te provoque, de una estupenda calidad, a unos precios de ganga. Como era obvio, y por influencia de mi novio, mi papa entró de cabeza al primero que vio y se mandó a hacer unas cuantas camisitas de lino, que le disimulan la panza bastante bien.

Al salir de Khao San, enamorados de la vibra del lugar, nos montamos en un Tuk Tuk y nos piramos a explorar Chinatown, Bitchesssss. (Chiste interno con Mikey).

Emocionante, caótico, agobiante, divertidiiisimo, enorme. Chiinatown de Bangkok es el propio Chinatown!  Es tan cool, que aun cuando tengo un Chinatown buenísimo en San Francisco y acabamos de estar en Hong Kong, mi papa y yo dabamos brinquitos de felicidad cuando recorríamos las callecitas interminables, repletas de cositas secas, comiditas, perolitos, cachivaches, tés, fruticas, pescados horrendos, olores asquerosos, tiendas y tiendas de oro, y toda la colección de chinos respectivos. La próxima vez que esté en Bangkok, no me lo pelo de noche. Si de día fue todo un éxito, no me lo quiero imaginar de noche, todo iluminado y lleno de noodles, de esos que caen perfecto a media noche.

Como era ya de esperarse, a Goddess le estaba entrando la desesperación. El calor, el maratón y la suciedad la tenían un poco agobiada. Era comprensible, por lo que todos accedimos a tomar nuestro barquito de vuelta hacia el hotel.

Yo, ni de vaina me iba a encerrar en el hotel. Por lo que al llegar a la estación donde se agarra el Skytrain, me despedí muy sonreída de mis padres y me fui en mi aventura personal a descubrir el famoso cine VIP de Bangkok.

Este cine es un sueño hecho realidad para un cinéfilo como yo. Las salas tienen no mas de 60 butacas, todas de cuero, reclinables, con sábanas y almohaditas (not kidding!!!) Todas tienen un botón para llamar al mesonero que te trae lo que se te antoje en cualquier momento de la película y además, como para rematar, tienes servicio de masajes en el salón de espera. Por un momento era como si hubiera muerto y llegado al paraíso. Solo me faltaban Mikey, mi Bibi, Alberto, Ignacio, mis gatas y una cancha de tenis para que no me sacaran mas nunca de ahí.

Hecha la turista que estaba perdida, me metí en las 3 salas. Comparé todas las salas, me cambié de silla cuantas veces quise. Me arropé, recliné la silla, usé la almohadita, critiqué la película (que, By the Way, era Iron Man 3 and it Sucked Ass).

Luego de un par de horas sublimes, tuve que despedirme del paradisiaco Paragon Cineplex, y volvi a mi hotel casi levitando de felicidad, para contarle a mis padres mis aventuras y disfrutar de un piscinazo con vista sobre el río, iluminado de las luces del estelar Bangkok. 

 Bangkok City At Night 740



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