martes, 14 de mayo de 2013

Ayutthaya y el tren!


De vuelta en nuestro espacioso van, con un nuevo chofercito, llamado Mr. T (quien mi mama insistió en llamarle Mr. D todo el viaje), nos despedíamos tristemente de Bangkok para ir a visitar a la capital antigua de Ayutthaya.

Al llegar, la primera visita fue el Palacio de veraneo de los reyes. Era como una si los reyes se hubieran tripeado hacerse una réplica de un palacio europeo de veraniego, pero le agregaron un edificio chino, y una que otra decoración Tailandesa. Era como un Personal Epcot Center. Fue un poco interesante, pero no creo que significó un momento importante en mi vida cultural. Quizás solo me puso en perspectiva el complejo wanna be de estos reyes con la monarquía europea.

De allí, si se puso más emocionante la cosa. Llegamos a unas ruinas de templos budistas. Una estupa imponentemente grande en el centro y un Buda reclinado tan grande como el de Bangkok, sobresalían en este complejo de ruinas sagradas. Mi papa y yo nos trepamos en la estupa, mientras mi mama nos veía desde abajo, muy cómoda con su sombrilla de princesa, gozando un mundo hablando con unas muchachas locales a quienes les cayó a preguntas.

De ahí en adelante, fueron ruinas tras ruinas. Unas mas bellas que otras. Unas tenían estupas tipo camboyanas “Khmer”, que hacen un contraste genial con las picudas tailandesas.

Sin duda que todas eran muy bonitas y novedosas, pero ya luego de 4 complejos de ruinas, nosotros ya estábamos medio en ruinas. Las energías ya no nos daban para más, porque el calor agobiante y treparse en cada una de esas estupas, de verdad que cansa. Así que muy amablemente, nuestro querido y simpático Mr. T, que no paró de reírse en todo el viaje, nos dejó en la estación del tren donde nos montamos en el tren nocturno en vía a Chiang Mai.

El tren, fabuloso. Aunque no muy lujoso, si era tremendamente cómodo. Primero nos sirvieron una cenita de lo mejor. Con sopas Tom Kha Ghai y Tom Yum a la altura de cualquier restaurant. Lo otro no estaba tan rico, pero si consideras que es comida de tren, y lo que llevábamos en el bulto para cenar eran pistachos y jamón barato de 7 eleven, pues estábamos más que bien.

Al rato de comer, nos armaron nuestras camas. Una litera para mis padres y una camita en frente para mi. Con almohaditas delish, una cobija limpiecita, y una cortinita que te protegía de la luz, los tres dormimos como unos bebitos hasta las 6am del siguiente día, listos y emocionados para conocer la legendaria ciudad de Chiang Mai. 
 

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