Hace un par de años, en medio de una de esa innumerables
conversaciones con mi amigo Alberto, de repente nos invade un hambre brutal. En
la casa teniamos vino, agua y aceitunas. No precisamente una combinación muy
nutricional, pero afortunadamente, mi querido Albert, quien se lee hasta los
obituarios del periódico, me dice que leyó por ahí que habían abierto un restaurancito
peruano en Chacao, de uno de los chefs de Astrid y Gastón, y yo, como buena
hija de mi papá y alimentada desde bebé por una nana adorable peruana, me anoté
sin pensarlo en esa aventura gastronómica.
Por alguna razón insólita, a pesar de haber
recibido una inmigración enorme de peruanos durante los años 70 y 80's, Caracas
no es reconocido por tener una gran variedad de restaurantes peruanos. Por lo
menos no hay reconocidos en los lados de Caracas por donde me he auto-permitido
llegar con mi moto.
Luego de evitar colas infernales de Campo
Alegre a la hora de salida de los colegios aledaños, casi renunciar al plan por
miedo a desmayarnos del hambre atrapados en las garras tenebrosas del trafico
caraqueño, por fin encontramos un milagroso puesto de estacionamiento frente a
la Tasca de Juancho.
Yo cuando llego a la Tasca, comienzo a dudar
de mi amigo Alberto. En algún rincón de mi vaga memoria, yo recordaba que eso
era un sitio bastante cutre español, donde la gente tomaba cervezas y fumaba
cigarrillos como si estuvieran haciendo una competencia. Pero como ya estábamos
allí, pues nos sentamos en una mesa a ver si la vaina era verdad.
Apenas nos sentamos, era obvio que la pinta
de tasca cutre era la misma. Ni un cambio estético, pero cuando nos llega el
mesonero, con su pinta de guía turístico de Machu Pichu, ya la cosa se empezaba
a poner más divertida. Nuestro amigo peruanito, con una sonrisa muy simpática y
su cantadito andino, nos ofrece un menú bastante feito y se pone a la orden. Al
abrir el menú, ya no había duda que las tapas y los callos eran parte del
pasado, porque lo que se leía en esta cartulina feucha eran una poesía de delicateces
incas.
Nosotros, por irnos por lo seguro, nos
pedimos un ceviche de aji amarillo y un chupe de camaron, aunque debo admitir
que las opciones del menú eran mucho mas divertidas. Pero como era la primera
vez que estábamos tanteando el terreno, pues es mejor irse por lo mas fácil.
Cuando llegan nuestros platos, con una
presentación y unas porciones dignas de Astrid y Gastón, nos convencimos un
poco más que la fuente de información de Alberto era cierta. Y al probar
nuestros platos, no había ni una pisca de duda que ese genio gastronómico que
se escondía detrás de las horrendas paredes de la cocina, era digno de ir a
hacerle reverencia.
Desde ese día, la Tasca de Juancho se ha
convertido en el lugar favorito de muchos de nosotros amantes de la comida
peruana, a quienes, a diferencia de mi papa, no nos importa el aspecto cutre
del local con tal de comer los platos del maestro peruanito. A medida que hemos
estado visitándolo más, nuestra amistad con el chef y los mesoneros cholitos se
consolida, por lo que cada vez que hay un plato nuevo o alguna especialidad, nuestros
estimados nos consienten trayéndonos pulpos a la parrilla espectaculares, ceviches
que provoca tomarse hasta la última gota de leche de tigre y arroces de lujo
con mariscos o pato que son tan buenos que te lo comes así tengas que ir a dar
una vuelta para hacer espacio en el estómago.
En fin, para todo aquel amante de la comida
peruana que quiere darse un gustazo gastronómico en Caracas, no deje de echarse
una vueltica por la Tasca de Juancho. Y si no tiene con quien ir, y yo ando por
estos lados del mundo, écheme una llamadita, porque yo me
anoto de acompañante FOR SURE!!
Gracias por el dato! yo he estado por entrar varias veces, sospechando que hay algo bueno por el movimiento del local, pero no lo he hecho!
ResponderEliminarAnotado para una noche de estas!
Me acordé de ti, al final este Lunes estuve en la Tasca con la familia, la pasamos muy bien.
ResponderEliminarEstas desaparecida!