sábado, 20 de octubre de 2012

Una pelicula de terror por ahi en Sabana Grande

Por alguna razón, esta mañana mi papa me convenció de que lo acompañara a hacer diligencias, en vez de irme directamente a disfrutar del sol de un sábado caraqueno. Inocentemente, estaba aceptando participar en uno de esos planes que no tienes ni idea de por que dijiste que si, pero que lamentablemente te vienes a dar cuenta muy tarde para arrepentirte. 

No eran ni las 10 de la mañana, y yo estaba de parrillera de la Scooter de mi papa, cruising por la autopista Francisco Fajardo y enrumbada, sin permiso a arrepentirme, hacia el Bulevar de Sabana Grande. La mision?: Buscar la pata de los lentes de leer del gordo, en una tienda del Bulevar (Super FUN!!)

El plan de por si no sonaba muy convincente, pero cuando ya vi que no tenia escapatoria, pues decidí que era mejor buscarle el lado positivo. La verdad es que ir a Sabana Grande un sábado cualquiera, a caminar por el Boulevar, no es algo que haga muy a menudo, así que no era ni tan mala idea echarle una visitica a nuestro olvidado paseo peatonal, que lamentablemente ha sido tomado por el municipio "Apache" (nombre con el que mi papa denomina a una zona chavista, anárquica y detestable) 

Mi primera reacción, al bajarme de la moto, fue caminar a un ritmo lento de turista japones, dando pasos en diagonal, ocasionados por una mirada que estaba perdida en los alrededores, en vez de estar guiando la dirección por donde iba. Mientras tanto, el gordo, quien se bajo de la moto decidido a encontrar la tienda y salvar sus lentes, rápidamente se me fue adelante, caminando derechito a un negocio que parecía abandonado. Al verlo, decidí quedarme parada a mitad de camino, viendo a los viejitos que comían empandas, invadidos por el ritmo del reaggeton intenso que salia de la zapatería de al lado.

Al ver que mi papa no se había devuelto, y que sorpresivamente seguía abierta la tienda, decidí acercarme y entrar a saciar mi curiosidad. 

Mi primera impresión de la tienda fue así como si me hubiera montado en una maquina del tiempo: Al cruzar la puerta, sentí como si hubiera aterrizado en una óptica semi quebrada durante la época franquista. Los modelos de los lentes de las vidrieras eran uno mas vintage que el otro (pero no de esos que están hechos ahora con look vintage. Estos eran the real thing!!) Los muebles y las vidrieras eran de una especie de fórmica marrón desteñida, y los sillones eran de estas sillas cuadradas, forradas en tela gruesa,  como sacados de una escena de "The Shining". 

Y por si no fuera ya medio creepy el sitio, sale un señor tembloroso de Parkinson, medio gordo, desgarbado y con pecas de esas que tienen pelos, a tratar de comunicarse con mi papa en un español bastante limitado. Pero, de repente, apareció una gorda gigante, con unos lunares de pelos negros en los brazos bastante impresionantes, a hablarle al señor en un idioma que no pude descifrar. Al principio me parecía que era catalán. Después pensé que era como un dialecto del sur de Italia, pero luego mi papa me saco de dudas y me dijo que lo que hablaban era RUMANO! 

A los pocos minutos de ver al señor rendirse, y dejar que su hija le explicara a mi papa que era imposible conseguir ese repuesto, yo estaba empezando a entrar en pánico. La voz de la gorda y su nivel de negatividad eran agobiantes, y, por si no fuera poco lo intenso de la situación y lo depresivo del lugar,  el señor decidió pasarle todos los pares de lentes a mi papa, para que se probara una nueva montura y, en vez, comprara otros. Mi papa no encontraba como decirles que no le pasaran mas lentes, y yo no hallaba como decirle a mi papa que quería salir de allí o me iba a dar la desesperación.

Afortunadamente, logramos convencer a la gorda de que se quedara con los lentes y nos llamara si encontraba el repuesto, por lo que cuando los metió en el sobrecito, yo jale a mi papa por una manga y apenas nos enrumbamos de vuelta, no pude decir otra cosa que: "gordo, que carajo fue ese sitio? Y así, sin saber la respuesta, nos montamos en la moto y dejamos atrás el set de esta película de terror, al que inexplicablemente vine a parar, por estar yendo a reparar lentecitos con mi papa, en algun lugar del Bulevar de Sabana Grande.





 


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