domingo, 7 de octubre de 2012

El Mercado de Chacao

Hoy, luego de un fallido intento de levantarme temprano para ir a trotar y encontrarme con mi papa en el mercado de frutas de Prados del Este, surgió un excelente e inesperado plan alternativo: EL MERCADO DE CHACAO. 

Por lo que veo, mi escritura tiene un tumbao Valentina Quintero. Ayer escribí sobre el Avila y ahora me dio por el mercado. Quizás esto tenga que ver con el hecho de que yo siempre he dicho que "una de mis formas favoritas de viajar es a través de la lectura".

La experiencia del mercado fue de lo mas pintoresca. Yo creo que es un gusto heredado de mi papa. Bueno, en verdad no es que creo, estoy segura de que debe ser así, porque desde que tengo uso de razón, el único que me ha llevado a mercados en todas partes del mundo ha sido "el gordo". 

La verdad es que el mercado en si no tiene nada demasiado diferente a otros en la ciudad. Es como una versión menos hedionda y mas organizada del mercado de Quinta Crespo. Pero ya esos detalles cambian la experiencia considerablemente, porque uno puede detenerse a disfrutar cada stand y hablar con cada vendedor sin que te entre la desesperación por comprar y salir corriendo.

Luego de darle vueltas a la cabeza, y comparando la experiencia del mercado de Chacao con los "Farmer's market en USA y Europa, me di cuenta que la razón por la que estos mercados del trópico son tan llamativos y entretenidos no es otra que por las frutas y vegetales que allí se venden. Uno creció acostumbrado a ver las patillas, los cambures enormes, los riñones (también conocido como Anón), las papayas, guanábanas y cocos como algo muy normal. Pero si uno se detiene a ver bien los colores y formas de las frutas y vegetales de esta zona tropical, se da cuenta que son todo menos normales. Son todas con unos colores super intensos, unas formas rarisimas. Son como medio psicodélicas. 

Y por si no fuera poco toda esta experiencia visual, a esto hay que agregarle el carisma y las personalidades de los vendedores de cada puesto. Unos gritan a todo pulmón "remato, remato, llevalo que se acaba", otros te ofrecen pedazos de frutas para que te quedes enamorado del sabor y/o te de pena comerte un pedazo sin comprarle, otros te ven que miras la fruta y te juran por su mama que la de ellos es la mejor de todo el mercado y otros simplemente te ven que has agarrado varias cosas de su tarantin y es como si no fuera con ellos, hasta que por tercera vez le dices: "mira me puedes decir cuento es esto?" y con toda la parsimonia del mundo te miran de arriba a abajo y te dicen con una flojera terrible "dame 45bolos puejjj"

Honestamente, es toda una experiencia!! La recomiendo a quien le gusta ver algo diferente. Sobretodo si vas con un personaje como mi papa: Como era de esperarse y como sucede siempre, salimos con mas bolsas de las que podíamos cargar y con menos plata de la que esperábamos tener, pero mas contentos que unos niñitos, nos montamos en la moto, cargados hasta las orejas, listos para continuar las aventuras de un sábado caraqueno. 



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